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por Virginia Bintz
Cada vez que me preguntan porqué
no tuve hijos
respondo que la naturaleza así lo
quiso,
pero por suerte hay gente
maravillosa que da frutos
como árboles buenos
y nos da a esos pequeños
volcando en ellos la vida misma.
Y estamos aquellos árboles sin
frutos
de brazos como ramas fuertes y
tronco grueso
que aman a los pichones
aún sin haberlos parido,
que abren esas ramas
para que les sirvan de abrigo.
Unos nacen para dar frutos
y otros, como yo,
nacemos para dar sombra,
para que se cuelguen de nuestras
ramas
para que trepen nuestro tronco,
esos pichones que sentimos
nuestros.
Así somos los tíos, los tíos sin
hijos,
felices de que estén a nuestro
lado,
felices de darles nuestro abrigo,
agradecidos a nuestros árboles
hermanos,
que nos bendijeron con sus críos.
¡Árboles de sombra son los tíos!
¡vengan sobrinos!
¡Vengan! que tenemos para darles
mil pájaros libres, mil nidos,
y la sombra refrescante en los
veranos bravíos.
Seremos dueños de los horizontes,
de los montes,
de las lunas y los soles,
y compartiremos en familia,
juntos,
madres, padres, abuelos, hijos,
nietos, primos
y los árboles que dan sombra, los
tíos ...
Gracias, amados sobrinos.
Virginia Bintz, "La Tati"
Noviembre de 1999
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