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Un aporte de Uschi Schmidt-Liermann
Cuando
se te dio el regalo de la vida, se olvidaron de darte un manual de
instrucciones.
Algunos
no lo necesitan, pero a otros se les ha dado equivocado. Estos últimos ven la
vida como algo que los angustia, llena de ansiedad, de miedos y deseos. Esto es
el resultado del manual que les ha proporcionado su cultura.
No
es la naturaleza la causa del sufrimiento, sino el corazón del hombre lleno de
deseos y miedos que le inculca su "programación" desde la mente. La
felicidad no puede depender de los acontecimientos. Es tu reacción ante los
acontecimientos lo que te hace sufrir.
Naces
en este mundo para renacer,
para
ir descubriéndote como un hombre nuevo y libre.
La
atracción que brota de nosotros no es amor. Eso que llamamos amor es un gusto
por si mismo, un negocio de toma y da ... y de condicionamientos: "tanto
como me ames te amaré". Es una dependencia, una necesidad de lograr una
felicidad que nos reclama desde dentro (porque nosotros somos felicidad y hemos
nacido para ser felices), pero nuestra propia inseguridad hace que la reclamemos
al exterior y lo hagamos con exigencias, compulsivamente y con miedo de que se
escape. Lo manifestamos con deseo de posesión, de controlar al otro, de
manipularlo, de apegarnos a él por la ilusión de creer que, sin él, ya no
podemos ser felices. El amor de verdad es algo no personal, pues se ama cuando
el yo programado no existe ya.
Esforzarme
por ver como eres tú,
comprenderte
y aceptarte tal cual eres: eso es el amor.
Esto
no excluye que tenga preferencias. Yo prefiero la relación con personas
determinadas porque esa relación es más gozosa, pero esa preferencia ha de
dejarme libre para gozar con la amistad de los demás.
El
amor de verdad es un estado de sensibilidad que te capacita para abrirte a todas
las personas y a la vida. Y cuando amas, no hay nada más fácil que perdonar.
Aceptar a las personas que todo el mundo rechaza, y no porque no veas sus
fallos, sino precisamente porque los ves como realmente son, de donde proceden y
como se parecen a los tuyos, que ya tienes aceptados.
Aceptas
también no tener razón, escuchando las razones de los demás con interés. Y,
sobre todo, sabes responder al odio con amor, no porque te esfuerces en ello,
sino como milagro de la comprensión del amor verdadero que ve a la persona tal
cual es.
Estas
son las tres señales de estar despierto:
Perdonar,
aceptar y responder ante todo con amor.
¡Cuánto
tendríamos que aprender si pudiéramos pasar una hora o veinte minutos con el
yo que seremos y cuánto tendríamos que decirle al yo que fuimos!
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