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Un aporte de Krystyna Tarnowska
Quisiera
subir muy alto, Señor
por
encima de mi ciudad,
por
encima del mundo,
por
encima del tiempo.
Quisiera
purificar mi mirada
y
que me prestases tus ojos
Vería
entonces el Universo, la Humanidad, la Historia, tal como los ve el Padre.
Vería
en esta prodigiosa transformación de la materia, en esta perpetua ebullición
de vida, tu gran cuerpo que nace bajo el soplo del Espíritu.
Vería
la bella, la eterna idea de amor de tu Padre, que se realiza progresivamente:
todo compendiado en ti, las cosas del cielo y las de la tierra.
Y
vería que hoy como ayer todos los detalles por pequeños que sean participan en
ello,
Cada
hombre en su puesto,
cada
grupo y cada objeto.
Vería
esta fábrica y aquel cine, la discusión de los convenios colectivos y el lugar
de la fuente-término.
Vería
el precio del pan que se fija en un cartel y el grupo de jóvenes que van al
baile, al pequeño que nace y al anciano que muere.
Vería
la más insignificante partícula de materia y la mínima palpitación de vida,
El
amor y el odio,
el
pecado y la gracia.
Asombrado,
comprendería que ante mi se desarrolla la gran aventura de amor, iniciada en la
aurora del mundo, la historia sagrada que según la promesa sólo acabará en la
gloria tras la resurrección de la carne, cuando Tú te presentes ante El Padre
diciendo:
"Ya
está.
Soy
el Alfa y el Omega, el Principio y el fin".
Entonces
comprendería que todo se sostiene, que todo es sólo un mismo movimiento de
toda la humanidad y de todo el universo hacia la Trinidad, en Ti y por Ti
Señor.
Comprendería
que nada es profano: ni las cosas, ni las personas, ni los acontecimientos, sino
que, al contrario, todo es sagrado por su origen divino.
Y
todo ha de ser consagrado por el hombre divinizado.
Comprendería
que mi vida, imperceptible respiración en este Gran Cuerpo Total, es un tesoro
indispensable en los Designios del Padre.
Entonces,
cayendo de rodillas, admiraría Señor, el misterio de este mundo, que, a pesar
de las innumerables y horribles fallas del pecado, es un larga palpitación de
amor, hacia el Amor Eterno.
Quisiera
subir muy alto, Señor
por
encima de mi ciudad,
por
encima del mundo,
por
encima del tiempo.
Quisiera
purificar mi mirada
y
que me prestases tus ojos
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