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Compendio diario de noticias sobre medicina y salud de Uruguay y el mundo

 

Quisiera subir muy alto (por Padre Michel Quoist) Imprimir E-Mail
Un aporte de Krystyna Tarnowska

Quisiera subir muy alto, Señor

por encima de mi ciudad,

por encima del mundo,

por encima del tiempo.

Quisiera purificar mi mirada

y que me prestases tus ojos

 

Vería entonces el Universo, la Humanidad, la Historia, tal como los ve el Padre.

Vería en esta prodigiosa transformación de la materia, en esta perpetua ebullición de vida, tu gran cuerpo que nace bajo el soplo del Espíritu.

Vería la bella, la eterna idea de amor de tu Padre, que se realiza progresivamente: todo compendiado en ti, las cosas del cielo y las de la tierra.

Y vería que hoy como ayer todos los detalles por pequeños que sean participan en ello,

Cada hombre en su puesto,

cada grupo y cada objeto.

Vería esta fábrica y aquel cine, la discusión de los convenios colectivos y el lugar de la fuente-término.

Vería el precio del pan que se fija en un cartel y el grupo de jóvenes que van al baile, al pequeño que nace y al anciano que muere.

Vería la más insignificante partícula de materia y la mínima palpitación de vida,

El amor y el odio,

el pecado y la gracia.

Asombrado, comprendería que ante mi se desarrolla la gran aventura de amor, iniciada en la aurora del mundo, la historia sagrada que según la promesa sólo acabará en la gloria tras la resurrección de la carne, cuando Tú te presentes ante El Padre diciendo:

"Ya está.

Soy el Alfa y el Omega, el Principio y el fin".

Entonces comprendería que todo se sostiene, que todo es sólo un mismo movimiento de toda la humanidad y de todo el universo hacia la Trinidad, en Ti y por Ti Señor.

Comprendería que nada es profano: ni las cosas, ni las personas, ni los acontecimientos, sino que, al contrario, todo es sagrado por su origen divino.

Y todo ha de ser consagrado por el hombre divinizado.

Comprendería que mi vida, imperceptible respiración en este Gran Cuerpo Total, es un tesoro indispensable en los Designios del Padre.

Entonces, cayendo de rodillas, admiraría Señor, el misterio de este mundo, que, a pesar de las innumerables y horribles fallas del pecado, es un larga palpitación de amor, hacia el Amor Eterno.

 

Quisiera subir muy alto, Señor

por encima de mi ciudad,

por encima del mundo,

por encima del tiempo.

Quisiera purificar mi mirada

y que me prestases tus ojos

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