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Frío - para el Día de la Madre, por Carlos Arboleda |
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Del libro "Una vida en viaje" Llegaron en el último tren de la tarde y se refugiaron en una pensión barata. El poco dinero que traían no les daba más que para dos días de alojamiento. El muchacho salió a la calle a ganarse la vida; ella se quedó en la pieza. Con sus dieciséis años y dos chicos, uno en brazos con una tos sospechosa, en el frío clima de la ciudad. ¿Cómo conseguir espantar la humedad de la habitación y calentar la leche? Sacó una lata redonda, vacía, de galletas y un tarrito pequeño de conserva que guardaba en la valija de cartón; también un paquete de yeso y unos clavos viejos. Preparó el yeso como su marido le enseñó, logrando una pasta espesa. La colocó en la lata de galletas y fijó en el centro la "latita" de conserva. Paró, en el contorno de ésta, los clavos y sostuvo el conjunto mientras el yeso fraguaba. Una vez seca, puso alcohol en el tarrito, lo encendió y colocó una pequeña ollita con leche sobre los clavos. Entonces, mi Madre se sentó a esperar a mi Padre, mientras hervía la leche. Carlos / 12/ 06 |