Dedicado
a las personas maduras de aquella linda generación y que ahora se encuentran
navegando en la red de Internet ... y que son muchas ...
A nuestra edad, después de casi medio siglo,
el amor ya recorrió caminos, dobló esquinas y optó por encrucijadas ... Ya erró,
ya acertó, ya resbaló, ya se arrepintió e inevitablemente el tiempo se fue.
Se vivió el amor, se perdió el amor, algunos por la mano de Dios, otros por el
debilitamiento de la vida en pareja. Hoy nuestra mirada en la dirección del amor
continúa más linda, pues en el largo camino de los sentimientos, aprendimos a
sumar, a dividir y a multiplicar, sin oportunidades de disminuir en el
conocimiento del sentimiento del amor.
El amor maduro llega despacito y se aloja en
nuestra vida, sin tiempo para acabar. La caminata entre dos es más serena.
Existe la complicidad, el cariño es más espontáneo, no nos inhibimos frente al
querer, la sintonía es completa y los recuerdos son depositados en el álbum de
las nostalgias, que guardamos de un tiempo que no volverá.
Enamorarse a nuestra edad es llevar la ternura en la mirada. El brillo es más
intenso, el deseo de no equivocarse es más fuerte. La construcción de la
caminata entre dos es la suma del querer, es el encuentro de dos almas
aplaudidas por dos corazones que dividen la emoción de amar. Las actitudes
menudas, los gestos y los detalles son los alimentos que sustentan ese amor.
Vivir en pareja es la alegría de la compañía,
de la caricia tierna, de los besos todavía calientes, de las miradas insinuantes
cuando el deseo se manifiesta y la promesa en la mirada de que, cada amanecer,
será el día más bello entre dos seres que encontraron el amor.