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La paz que traigo en mi pecho (un aporte de Zoraida Martegani) Imprimir E-Mail

La paz que traigo ahora en mi pecho es diferente a la paz que soñé un día.
Cuando se es joven e inmaduro, se cree que tener paz es poder hacer lo que se quiere, quedarse en silencio y jamás enfrentar una contradicción o una decepción.

El tiempo nos va mostrando, que la paz es el resultado del entendimiento de algunas lecciones importantes que la vida nos ofrece. La paz está en el dinamismo de la vida, en el trabajo, en la esperanza, en la confianza, en la fe.

Tener paz es tener la conciencia tranquila, es tener la certeza de que se hizo lo mejor o, por lo menos, se intentó.
Tener paz es asumir responsabilidades y cumplirlas, es tener serenidad en los momentos más difíciles de la vida.
Tener paz es tener oídos que oigan, ojos que vean y boca que diga palabras que construyan.
Tener paz es tener un corazón que ama.
Tener paz es admitir la propia imperfección, es reconocer los miedos, las flaquezas, las carencias.
Tener paz es respetar las opiniones contrarias, y evitar las ofensas.
Tener paz es aprender de los propios errores.
Tener paz es tener el valor de llorar o de sonreír cuando sea necesario.
Es tener fuerzas para volver atrás, pedir perdón, rehacer el camino, agradecer.

La paz que ahora traigo en mi pecho es la tranquilidad de aceptar a los otros como son y estar dispuesto a cambiar las propias imperfecciones.
Es la voluntad de compartir lo poco que tengo.
Es mejorar lo que está a mi alcance, aceptar lo que no puede ser cambiado y tener lucidez para distinguir una cosa de otra.
Es admitir que no siempre tengo la razón.
La certeza de la vida futura y la convicción de que recibiré, de las leyes soberanas de la vida, lo que a ellas haya ofrecido.

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