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La palabra entusiasmo proviene del griego y significa "tener un Dios dentro de sí".
Un aporte de Virginia Bintz
La palabra entusiasmo proviene del
griego y significa "tener un Dios dentro de sí".
La persona entusiasta o
entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su
fuerza y sabiduría, y por ese motivo podía transformar la naturaleza que la
rodeaba y hacer que ocurrieran las cosas.
Sólo las personas entusiastas eran
capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano. Era necesario por lo tanto
entusiasmarse, para resolver los problemas que se presentaban y pasar a una
nueva situación.
El entusiasmo no es una cualidad
que se construye o que se desarrolla. Es un estado de fe, de afirmación de sí
mismo.
La persona entusiasta es aquella
que cree en su capacidad para transformar las cosas, que confía en sí misma, que
cree en los demás y en la fuerza que tiene para transformar el mundo y su propia
realidad.
Está impulsada a actuar en el
mundo, a transformarlo, movida por la fuerza y la certeza en sus acciones.
El entusiasmo es lo que da una
nueva visión de la vida.
El entusiasmo es distinto al
optimismo. Mucha gente confunde el optimismo con el entusiasmo.
Optimismo significa creer que algo
favorable va a ocurrir, inclusive anhelar que ello ocurra; es ver el lado
positivo de las cosas; es una postura amable ante los hechos que ocurren.
En cambio, el entusiasmo es acción
y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos, las cosas.
Solo hay una manera de ser
entusiasta: actuando entusiastamente.
Si tuviéramos que esperar tener
las condiciones ideales primero para luego entusiasmarnos, jamás nos
entusiasmaríamos por algo, pues siempre tendríamos razones para no
entusiasmarnos.
No son "las cosas que van bien" lo
que trae entusiasmo, es el entusiasmo que nos hace hacer bien las cosas.
Hay personas que se quedan
esperando que las condiciones mejoren, que llegue el éxito, que mejore su
trabajo, que mejore su relación de pareja o de familia, para luego entusiasmarse
... la verdad es que jamás se entusiasmarán por algo.
Si creemos que es imposible
entusiasmarnos por las condiciones actuales en las que nos tocó vivir, lo más
probable es que jamás saldremos de esa situación.
Es necesario creer en uno mismo,
en la capacidad de hacer, de transformarse y transformar la realidad que nos
rodea.
Se trata de dejar de lado toda la
negatividad, dejar de lado todo el escepticismo, dejar de ser incrédulo, y ser
entusiasta con la vida, con quienes nos rodean y con nosotros mismos.
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