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Por Ana María Craigdallie
Desde aquí se ve … qué lindo
es tener ventana, abrirla por la mañana ...
Jaime Roos
Desde aquí, a dieciséis mil Km. de
distancia, desde aquí se ve, que hermoso fue lo nuestro. Que privilegio fue
nacer y crecer en ese retazo del mundo.
Desde aquí se ven mis barrios, el
que fue colorido y acogedor, con ruido de tren de una estación que marcaba las
horas del vecindario.
Y el otro donde camine mis horas
más hermosas y las “de los recuerdos que me hicieron daño”
Desde aquí se ve una avenida
larga, flanqueada por grandes plátanos, con bolitas que no me dejaban tocar
porque enfermaban los ojos, por donde circulaban el 130 y el 4D, camino al
centro y cuando te sentabas veías “ibas sentado al lado de la vida”.
Desde aquí se ve, el Club Sayago,
donde por primera vez escuché un himno que no me enseñaron en el colegio. Era un
himno que tocaban los hombres de colores que venían en un camión con sus piernas
colgando por fuera de la caja.
Un himno que ha cantado muchas
verdades, un himno que emociona muy especialmente cuando se evoca.
Desde aquí se ve el cine Hollywood
donde me sorprendió la voz y la presencia de un hombre que yo creía que era un
pariente porque estaba en un portarretratos en la mesa de mi padre junto a las
fotos de la familia.
Desde aquí se ve el puesto de
sandías que sobre la larga avenida flanqueada de plátanos alegraban el verano
con una dulzura roja y calada. “para las mozas enamoradas”
Desde aquí se ven la Avenida
Eugenio Garzón, la calle 28 de Febrero y la Avenida Sayago y se oyen el tren, el
repicar de las campanas de la iglesia y los pregones de los verduleros.
Claro está que como estoy tan
lejos, los oigo bajito, quizás porque me cantan en secreto…
Ay que tira que tira y trepa
Y con la violeta sé fue mi amor
Ay que tira y tira y sube
Y hacia las nubes me voy
Desde aquí se ve un barrio
violeta, una calle cortita, una ventana de frente al brillo del mar.
Desde aquí se ven los juegos de
mis hijos y los hijos que me asigné.
Desde aquí se ven las noches del
Defensor Sporting y del Franzini.
Desde aquí se ven los sábados en
la Feria de Villa Biarritz
Desde aquí se ve la pizza del Chez
Piñeiro y los tallarines de albahaca de la Pomarola y los sorrentinos de La
Raviolera
Desde aquí se ve un barquito
entrando en la bahía mezclado con un recuerdo de un hidroavión bajando sobre el
mar frente a Capurro.
Desde aquí se ve que lindo
es tener ventana, abrirla por la mañana frente al brillo del mar
de
Punta Carretas.
Y desde aquí se ve una ciudad, que
es tan mágica que en las tardes lluviosas he podido ver pelícanos azules, en
algún balcón mojado por una lluvia mansa, en la que quiero empaparme.
Y desde aquí le ruego “al olvido
que todo destruye “que preserve algo para cuando vuelva a la” vieja calle donde
el eco dijo”………….
“Hoy dejaré las puertas y
las ventanas de mi casa abiertas… para siempre”
Alfredo Zitarrosa
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