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Este poema ha sido elegido para ser editado, al igual que "Calor de Hogar", en la publicación de AEDI 2005, junto a otros autores y otros cuentitos de Virginia Bintz.
Tomó
todos sus desencantos, todos sus odios
y
los metió en una bolsa de arpillera,
hizo
un pozo en la tierra y los enterró.
Allí
nació un cactus raro y retorcido que daba
una
extraña flor color sangre.
Tomó
sus desengaños y tristezas
e
hizo lo mismo
y
creció un débil sauce llorón, siempre pequeño,
flaco,
sin fuerzas, de pálidas hojas.
Tomó
sus dudas, sus inseguridades, sus errores,
crecieron
cardos, ortigas, yerba mala.
Y
cuando vio su jardín, no era un jardín,
sino
un páramo espinoso.
Entonces,
un día, sin hacer pozos,
sin
esfuerzo alguno, sólo abriendo sus manos,
dejó
caer las semillas - miles -
del
amor, de la fe, las de las alegrías y los cantos.
Crecieron
árboles
y
vinieron los pájaros.
Nacieron
las flores
y
vinieron las abejas, las mariposas.
Donde
estaba la hierba mala creció un Ibira-pitá,
el
cactus palideció bajo el azul del Jacarandá,
ahora
el Sauce creció,
siempre
lloró sus penas, eso no es malo,
si
está rodeado de amor.
Virginia
Bintz
(Este
poema ha sido elegido para ser editado, al igual que "Calor de Hogar",
en la publicación de AEDI 2005, junto a otros autores y otros cuentitos de
Virginia Bintz)
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