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Lo sabemos.
Lo sabemos y olvidamos el miedo al viento después que pasa.
Barremos las hojas y las
ramas que arranca.
Enjardinamos nuestros corazones, hacemos los mandados, lavamos el auto.
Oímos hablar de vientos de guerra
¿Qué pasa después del viento de guerra?
Hoy Líbano, ayer Angola, Corea, Nicaragua
Sopla humillación, mutilación, humo, muerte
Desaparecen los parques y los pájaros
Los niños no juegan cuando sopla ese viento
Los niños mueren, se convierten en huérfanos, ven matar o matan
¿Qué pasa después del viento de libertad?
Suena lindo
Pero suena a palos, a sablazos y chorros de agua contra gente desarmada.
Suena a balas de goma (y otras no tanto) contra estudiantes, trabajadores,
indígenas ...
Carne de cañón, carne de cañón
Y contra esa carne de cañón soplan los vientos
Los vientos de guerra y los vientos de libertad
Lo sabemos
Lo sabemos y olvidamos el miedo después que pasa
¿Y si pidiéramos menos vientos, más brisas, más claridad, más gaviotas y
calandrias?
Las brisas que amo, son mucho mejores que los grandes vientos
Las he visto en el correr de la historia de la humanidad
Son brisas pacientes que cantan, que aman, que enseñan a crecer, que dejan
crecer
Son las que soplan desde el pueblo, desde los humildes
Nunca las vi en boca de negociantes y negociadores, de políticos ni generales
Por eso pido más brisas, claridad, giros y vuelos
Porque yo le tengo miedo al viento ... a esos vientos
Virginia Bintz
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