Este
cuento está inspirado en un poema de un monje tibetano, y que Jorge Bucay
reescribió para mostrar una característica más de nosotros, los humanos.
Me
levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo, y me
caigo en él.
Día
siguiente, lo mismo, porque me olvido que hay un pozo y me vuelvo a caer
Tercer
día, salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, pero
no lo recuerdo y vuelvo a caer en él.
Así
el cuarto, quinto, sexto, séptimo y al octavo día, salgo de mi casa, veo el
pozo, tomo carrera, salto, llego al otro lado. Me siento tan orgulloso de
haberlo conseguido que festejo dando saltos de alegría ... y al hacerlo caigo
otra vez en el pozo.
Noveno
día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto y sigo mi camino.
Décimo
día, me doy cuenta RECIÉN HOY, que es más cómodo caminar por la vereda de
enfrente.