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Compendio diario de noticias sobre medicina y salud de Uruguay y el mundo

 

Comentarios recibidos
De Rita Berretta Imprimir E-Mail

Buen día.
Tal como ven abajo, mi nombre es Rita y soy la feliz acreedora de sus boletines !
Les cuento que a fin de febrero me retiro del Instituto y me sería muy grato mantener la recepción del boletín que tanto me gusta. Les cuento también, que a partir de marzo tendré más tiempo para incursionar en las recetas exquisitas que nos mandan.
Mi pregunta es si sería posible que me enviaran el boletín a mi dirección personal.
Quedo a la espera de sus noticias y agradezco mucho la atención.
Rita Berretta

De María Marta Binello, Benavídez (Pcia. Buenos Aires) Imprimir E-Mail

Hola Oma:
Por favor, vos podrías darme la receta del Pan de Westfalia ?
Hace poco estuvimos en Villa General Belgrano (Córdoba / Argentina) y compramos uno que a mi marido le encantó.
Yo vivo en Benavídez, Pcia de Buenos Aires, y si consigo la receta quisiera hacérselo. Aunque sea trabajoso, no me importa.
Mi marido tiene 78 años y ha estado operado 6 veces en el 2007. Y lo tengo conmigo !!!!!!! Todos los mimos que pueda hacerle ... se los voy a hacer !!!!!!!
Te agradezco muchísimo !!!!!!!
Feliz año !!!!!!!
María Marta

De Isabel Hein, Prov. Misiones / Argentina Imprimir E-Mail

Estimada Irene:
No conozco gente del Uruguay ni tampoco una familia Hein, pero estoy encantada de conocerlos. Sería un placer.
Gracias por tu contestación y también por tu ofrecimiento.
Sigue adelante, es una gran página web y gran obra de parte tuya con lo que haces.
Empiezo a dar tu página a la gran comunidad alemana que está aquí.
Un abrazo muy grande y éxitos
Isabel Hein, Misiones

De Titina Núñez Imprimir E-Mail

Muchas felicidades en este año que comienza ! ::
Con mucho cariño y deseándote lo mejor en este año que se inicia, para ti y familia.
Titina

De Jacqueline Booth Imprimir E-Mail

Me encantó esta página.
Me gustaría ver la posibilidad de recatar una receta antigua alemana, es como caramelos, es manjar con nueces enrollados y puestos en papel alusa.
Ojalá que me puedan ayudar.
Desde ya gracias
PD los prove en la ciudad de Puerto Varas en el antiguo Hotel Bellavista
Saludos,
Jacqueline Booth

De Greta Zander Imprimir E-Mail

Estimada Sra. Irene, muchísimas gracias por el mail, las riquísimas recetas y los buenos consejos.
Deseo también para Ud. que este año sea de maravilla ! Esta Navidad ha sido muy especial para mi, pues vinieron mis hijos de Alemania y después de 13 años hemos podido celebrar la Navidad. Bueno, ahora es un poco triste para mi, ya que ellos ya han tenido que regresar a Alemania, pero bueno, así es y uno tiene que agradecer mucho a Dios por todos esos momentos lindos que el nos permite vivir.
Nuevamente gracias por el mail, sus recetas y los buenos consejos.
Saludos,
Grata Zander

De Isabel Hein, Argentina Imprimir E-Mail

Hola, soy Isabel Hein de Argentina.
Me gusta la página de Uds. Me parece muy interesante y útil, más que nada a la gente que tiene que ver con la ascendencia alemana, ya que es una forma de conservar las costumbres. Como mi apellido lo indica, mis bisabuelos eran alemanes.
Quisiera inscribirme en la página de Uds. pero no puedo. No se cómo hacerlo porque me da "error de página" ...
Suerte y adelante, espero contestación
Isabel Hein

De y para Martha Imprimir E-Mail

Recibí un mail donde me comentan las propiedades de la linaza. Quisiera saber si la semilla de linaza es lo mismo que la semilla de lino.
Espero una pronta respuesta.
Atentamente,
Martha

Efectivamente, estimada Martha: la semilla de linaza es la que en nuestro medio (Uruguay) se comercializa bajo el nombre de semilla de lino.
Si no se encuentra bajo los suscriptores de mi boletín con recetas y consejos prácticos, me permitiré registrarla. Espero sea de su agrado. Claro que podrá desuscribirse en cualquier momento.
Muy cordialmente,
Irene

De Carolina Imprimir E-Mail

Tienen una página bellísima.
Los acabo de conocer hoy y deseo seguir sus consejos.
Cordialmente,
Carolina

De Ana Tarela Imprimir E-Mail

Buenos días Irene, muy bueno - como siempre - tu último boletín. Realmente completísimo e interesante.
Te deseo lo mejor, que el negocio siga siendo productivo y que tengas unas festividades en PAZ y armonía.
Te adjunto quizás el último aporte por este año para el Rinconcito para el Alma.
Un abrazo
Ana Tarela

De Anneliese y Dietmar Woelke Imprimir E-Mail

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido. Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.

- ¡Qué tonterías! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!
Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.
Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.
- Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.
Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero sólo consiguió asustarlas y que se alejaran más.
Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?
Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
- Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.
El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
- Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:
- ¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Dirías que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.
Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: '¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!' 

Desde la muy Canaria Ciudad de la Costa se despide:
Hans
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